El mal sabor de boca viene de lo mal que lo pasé durante todo el recorrido, al principìo no iba ni cara al aire, entre los nervios, el peso de la mochila y que se yo, me cos

taba trotar en el llaneo inicial, después, empecé a encontrarme mal, me empezó a doler la cabeza, a tener nauseas, a medida que iba subiendo iba encontrándome peor, me faltaba el aliento, me ahogaba, tenía que parar, no sabía que me pasaba. Quiero suponer que era la altura, que me afectaba,
y la regla, que no me abandona en las mejores ocasiones, como el desodorante, lo que hacía que me encontrara así.
También el hecho de no comer demasiado, y no sería por comida, pero el hecho de que la carrera no tuviera avituallamientos hace que tengas que estar más pendiente, y aunque nos habíamos marcado que cada hora comeríamos algo…luego no lo cumplimos. El caso es

que hasta el puente de Coronas todo fue bien, más o menos, ibamos muy tranquilos, andando todo el rato por la pista, con los palos, y bien de tiempo.

A partir de ahí, ya no sé nada. Toda la subida hasta el Collado de Vallibierna me encontré tan mal que ni siquiera me fijaba en el maravilloso paisaje que nos rodeaba, solo veía piedras, cada vez más grandes e imposib

les de pasar, mareos, paradas cada dos por tres a respirar (el chico de Valencia que venía con nosotros pensaba que era asmática y me ofr

eció ventolín). Parada a comer una barrita, parada a beber, parada a respirar…y viene lo peor, yo solo hacía que pensar en que luego teníamos que volver a pasar por allí…
Poco antes del collado encontramo

s a los primeros, que ya volvían, que suerte!!, terminé de subir como pude, control y a bajar.
Al principio la bajada no era demasiado mala, menos mal pensé…

que equivocada, al poco otra vez los pedrolos esos que no sé como han llegado ahí, será precis!! Guardo los palos, prefiero bajar con las manos libres, para poder cogerme en caso de resbalón. Y así
depiedraenpiedra…pues llegamos a una zona más pisable. La verdad es que no sé nada, solo tenía ganas de llegar a Llauset, para parar un rato y ver si me recupero.
Y así lo hicimos, paramos y paramos, bocata, ibuprofeno para la cabeza, y un rato dudando si dejarlo ahí o no. Miguel decía que por él lo dejábamos, que llevábamos cas

i seis horas, habíamos pasado lo más duro y lo podíamos considerar un buen entrene. A mi me daba nosequé dejarlo en el km. 23, así que le dije que no, que seguíamos a la marcheta, que teníamos margen de paso de sobra y que si no iba bien, pues bajábamos tranquilamente a Benasque con el tiempo que nos costara.
Casi cuando nos íbamos llega Nere, también ha pasado su momento lucecitas, pero se le ve animada, nos despedimos y seguimos. Parece que voy un poco mejor, necesitaba comer y el ibuprofeno empieza a hacer efecto, así que me veo con fuerzas de volverme a enfrentar con los pedrolos gigantes de Vallibierna…hasta que empieza a llover. Nos habían avisado de riesgo de tormenta, pero sinceramente, con el día tan bueno que hacía y siendo casi las siete de la tarde, ya nos habíamos olvidado de la tormenta.
La lluvia primero es finita, no me preocupa, empieza a caer granizo, y el primer trueno. Miguel decide que nos resguardemos bajo una roca mientras nos ponemos los impermeables. Apagamos móviles y el fore. Yo me voy acojonando, porque cada vez la cosa se va poniendo más fea. Y todavía nos queda subir hasta el collado y bajar. Nos arrepentimos de no haberlo dejado en Llauset pero ninguno de los dos dice nada. Miguel dice que es una locura subir más, que deberíamos volver hacia abajo, haceia Llauset, pero allí el control cerraba a las siete y son las siete menos cuarto. No nos da tiempo a volver. Vemos pasar un grupillo y decidimos seguir, siguen cayendo los truenos y los rayos. Lo tenemos encima, cada trueno es un sobresalto. Como suenan a esas alturas. Le digo a Miguel que tengo mucho miedo, y el me dice que tire parriba como pueda, que vayamos lo más rápido posible. Y creo que si hubiera estado en seco y soleado no hubiera ido tan rápida, ni subiendo ni bajando.
Llego al control, chip y para abajo. Quiero bajar tan rápido que me pego un piño, pero da igual, hay que bajar y bajamos. Miguel se ha adelantado y me espera en una roca, animándome, pienso un montón de cosas, que se pueden resumir en un que coño hago yo aquí jugándome el tipo tan tontamente, pienso en Laura, en Miguel, y me hago muchas promesas mientras bajo en silencio, congelada con los truenos aun resonando.
Al final llegamos a Coronas, ha dejado de llover, aun es de día, pero sigo congelada. Nos metemos en el refugio que hay allí, donde hay gente durmiendo con sacos..que envidia!!. Sacamos las cosas de la mochila y nos cambiamos, por suerte metí el polar y el gorro en una bolsa, pero no los guantes, con lo que están empapados. Miguel me da su impermeable, el mío no me ha convencido mucho que digamos, y está calado por dentro. Comemos otro bocata, y seguimos. Pararemos en Benasque.
Corremos por primera vez en toda la carrera bajando, tenemos ganas de correr y la bajada la hacemos muy rápida, adelantamos varios grupitos de gente, y nos quedamos con un chico (bueno, él se queda con nosotros), lo que hace que cuando llegamos al cruce con Benasque decidamos seguir, no estamos mal, y en verdad…después de lo que hemos pasado…. Así que seguimos, es de noche total, y estoy helada, pero vamos subiendo la pista a buen ritmo. Un cruce, parada a ver el mapa que dice, seguimos. Otro cruce, nueva parada a ver…le digo a Miguel que me estoy aburriendo ya de esto, que estoy helada y tengo ganas de terminar. Que me está pareciendo que esto no tiene mucho sentido, y él me dice que si, que lo dejamos, que para estar parando cada cinco metros a ver por dónde vamos…que lleguemos a Baños de Benasque y nos retiramos ahí. Le digo que si nos vamos allí nos tocará esperar horas a que nos bajen, que estamos bien, que volvamos trotando, total son unos diez kilómetros. Y eso hacemos. Nos damos la vuelta y ya vamos bajando tranquilamente.
Vemos a Nere, que sigue, que valiente!! Al menos va con alguien, comentamos la tormenta, a ella también le ha pillado de lleno y dice que nunca ha pasado nada igual. Le deseamos suerte y nos volvemos. Primero trotando, al final andando. la gente nos va pasando, es gente que ya ha terminado, que tiene la ilusión de los últimos metros. Pero ni siquiera en esos momentos me arrepiento de haberme dado la vuelta. Podría decir que a pesar de haberla vivido, esta carrera ha sido como si la hubiera visto desde fuera, como si nunca hubiera estado participando de verdad en ella.
A la una acaba nuestra aventura, después de 14 horas, para recorrer 54 kms, donde viví el peor momento de mi vida, y espero que sea así para siempre, que no me vuelva a ver en una de esas nunca más.
Llegamos a meta, devolvemos chip, y nos vamos al hotel. Estamos cansados, estoy aburrida de tanto andar y me da la impresión que sin sentido.
Al día siguiente vamos a meta, y allí Nere nos cuenta que ha terminado, con más horas de las previsatas, pero que también ha vivido lo suyo. Nos reimos, unas cervecitas y todo olvidado. No creo que me vuelvan a pillar por aquí, como mucho al Maratón si lo repiten.